La televisión actual destruye sistemáticamente la diferencia entre lo normal y lo anormal porque en sus parámetros lo normal carece en sí de interés suficiente y siempre habrá entonces que enfrentarlo a una alternativa. Su criterio no es la difusión de valores y principios sino provocar el mayor impacto.
En realidad la televisión no es la culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos. Este reflejo en ocasiones salpica a los más jóvenes y en una sociedad como la nuestra -en la que los padres trabajan cada vez más horas fuera de casa-, la televisión cumple una función educativa para los más pequeños.
Vía | Forges
Para entender la dimensión del problema pondré el ejemplo de
Sálvame. Cuando se retiró de antena
el Tomate, algunos ingenuos pensamos que fue por lo pésimo, ruin y pesado, pero no, ¡ilusos! Era para poner al
señorito Vázquez junto a
la Esteban en otro programa aún peor, con colaboradores que carecen de ningún tipo de formación y que
en ocasiones su único mérito en la vida es ser un caradura o la cuñada/peluquera de algún artista ya fallecido.
Los colaboradores, por definirlos de alguna forma, son un insulto para la profesión de periodista: un ex GH que se quiere mucho a si mismo, carece de estudios y destaca por
hablar sin filtro sobre todo el mundo y evitar comentarios sobre su vida privada, la ex de un tenista, que ha seguido en la jet set para hacerse con un hueco en el
nido de comadrejas, otra que dice que es periodista y
casi fue repudiada de la televisión e incluso del país cuando aseguraba saber dónde vivía la hija desaparecida de un cantante italiano. Un antiguo representante de famosos con
hipertrofia muscular, un caballero
tremendamente amanerado que sufre crisis de ansiedad en directo debido a su reciente divorcio… Y por último para completar el circo, una mujer afectada de
enanismo: lo más divertido es que en vez de llamar la atención por su escasa estatura, destaca por ser
profundamente ignorante e incapaz de memorizar un guión de escasos minutos.
Tenemos lo que nos merecemos, pero también podemos pedir -incluso exigir- a toda esta
congregación de galácticos, que aprendan a hablar, que llamen a las cosas por su nombre y que se comuniquen con respeto. Pues bien, padres, madres, abuelos, tíos de este país: estos caballeros son los que están educando a vuestros hijos y son los que
lobotomizan al país día tras día anestesiando el cerebro de la opinión pública y
desviando la atención de los verdaderos y acuciantes problemas. ¿Qué clase de modelos de conducta estamos fomentando? ¿Qué clase de prototipo de éxito se está gestando en las mentes de los más jóvenes?
A día de hoy la televisión es el fiel reflejo de una derrota cultural
Y las audiencias? En la tele nada sigue si no hay audiencia.
De acuerdo contigo, tenemos lo que merecemos.
Pero porque lo queremos. Lo pedimos, y lo sostenemos en antena.
Para que lo vean nuestros hijos.
Somos nosotros los que lobotomizamos.