Eterno retorno en Euskadi
El éxito electoral de Bildu ha tenido su reflejo en la constitución de los ayuntamientos.
El partido abertzale ha sido la primera fuerza política en Guipúzcoa (segunda en Euskadi por detrás del PNV) y como tal estará presente en
907 concejalías, aupándose a una alcaldía como la de San Sebastián, testimonio patente del triunfo de la formación. Ante esto, el resto de partidos democráticos tratan de bajar el tono del
reproche. Es evidente que PNV y PSE pudieran haber obtenido mucho mejor resultado si el Tribunal Constitucional no decidiera echar atrás la sentencia de ilegalización del Supremo.
Llama más la atención que quien ha sido señalado como responsable político de que Bildu se pudiera presentar a las elecciones,
"culpe" en cierto modo al PNV por pactar con ellos en algunas alcaldías. No creo que sea la hora del reproche entre las fuerzas democráticas. Las
escenas que los abertzales nos regalaron en la toma de posesión de las alcaldias dibujan nítidamente cuál es el panorama político ahora en Euskadi. Bildu tiene el respaldo de más de un cuarto de millón de votantes. Un votante muy militante y muy activo en la calle. Tan activo que hasta provoca situaciones que muchos quisieramos
que nunca se dieran. Situaciones frontalmente opuestas a lo que debe ser la convivencia
cívica, plural y tolerante con las ideas ajenas, que se espera de una sociedad democrática.
Quienes rechazan la convivencia se hacen fuertes con la división de los demócratas. No les demos ese gusto.
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