Cruzada humanista y racionalista, ateísta y antimagufa.
No debemos pensar que el eterno debate entre creacionistas (las especies fueron creadas tal cual son ahora y se mantienen inmutables) y evolucionistas (las especies evolucionan y se pueden extinguir y crear otras nuevas) es reciente. Data de principios del S.XIX cuando empezaron a debatirse seriamente el significado de los fósiles de especies animales que ya no existían. En los tiempos actuales el debate suele darse entre religiosos (creacionistas) y científicos (evolucionistas) por mucho que derivaciones del Creacionismo como el llamado Diseño inteligente se disfracen de científicos.
Sin embargo, en el S.XIX esto no era así, y quiero dejarlo claro desde el principio. La gran mayoría de religiosos no científicos apoyaban por defecto el creacionismo, ya que se deriva de lo relatado en la Biblia. En cambio, entre los religiosos con conocimiento científico había muchos que no veían conflicto alguno entre evolución y Dios, y apoyaban la evolución (o, como se decía entonces "transformismo") como explicación más adecuada a los hechos. Por su parte, los científicos no religiosos también había división de opiniones, muchos eminentes científicos defendían el creacionismo de una forma u otra. Lo que quiero hacer ver, es que no se trataba como sucede actualmente (en forma mayoritaria) de un debate entre creyentes acientíficos contra científicos, muchas vces ateos. En aquel momento, ambos bandos contaban con religiosos y laicos con una formación científica de primera línea (para la época) lo que hacía la discusión mucho más interesante.
Lo que sí era verdad es que en Inglaterra, cuna de grandes Sociedades Científicas y escenario de este debate, el "poder" político y científico (presidentes de sociedades, etc) estaba en manos del ala "conservadora" o creacionista. Los científicos, religiosos o laicos, que defendían las tesis "transformistas" eran a menudo objetivo de burlas y persecuciones por parte de sus colegas. Libros como Vestigios de la Historia Natural de la Creación, que defendía la evolución y cambio no sólo de las especies sino del universo entero, fueron publicados bajo seudónimo, ya que el autor Robert Chambers no deseaba verse sometido a escarnio público. Bajo este panorama podemos entender porqué Darwin tardó tanto en publicar su obra Sobre el Origen de las Especies... pero cuando lo hizo, esta obra, mucho más perfeccionada que la de Chambers, sirvió de punta de lanza a los evolucionistas para entablar un debate en igualdad de condiciones.
La máxima autoridad en el bando creacionista era Sir Richard Owen, un eminente biólogo, anatomista y paleontólogo, creador del término dinosaurio. Como experto en fósiles, defendía que las especies podían extinguirse pero negaba el proceso evolutivo, achacando la extinción de los dinosaurios probablemente al Diluvio Universal. Entre otros argumentos, aseguraba que otros primates superiores carecían de hipocampo en su cerebro, a diferencia del ser humano, por lo que no podían tener antecedentes comunes.
Por su parte, en el bando evolucionista encontramos una serie de eminencias, pero tras la publicación de su obra magna es Charles Darwin el nexo de enlace entre todas ellas. En este bando existen discrepancias en la forma en la que se produce la evolución y aparición de especies pero hacen frente común contra los creacionistas.
El problema es que ninguno de estos cabecillas tenía especiales facultades para la oratoria (algo muy importante para los debates de la época, que daban importancia a cómo se decían las cosas y no sólo a qué se decía). Por su parte Charles Darwin era un hombre bastante apocado y de salud delicada, mientras que Owen tenía demasiado que perder en un debate cara a cara. De modo que cada uno de los bandos escoge un "campeón" que lo represente. Por parte de los creacionistas se presentó Samuel Wilberforce, un reverendo obispo anglicano pero tabién miembro de la Academia para el Avance de las Ciencias y científico reputado por derecho propio, además de reconocido orador. En el bando evolucionista surgió como "bulldog de Darwin" Thomas Henry Huxley, experto en anatomía y fisiología, orador atrevido aunque su reputación en este campo era inferior a la de su rival.
Los detalles del debate nos han llegado por notas de los propios participantes, poco imparciales. Al reunirlas todas, sin embargo es posible hacerse una idea del evento...
Huxley había afirmado, antes de iniciarse el debate, que él "era un amante de los hechos, y que si los hechos así lo anunciaban a él no le importaría aceptar que un simio era su antepasado". ante esto el reverendo Wilberforce terminó su primer alegato con lo que pretendía ser una broma "¿...preferiría entonces el Sr. Huxley descender de un mono por parte de padre o por parte de madre?".
Debemos recordar que en esa época era normal que parecieran retratos de Darwin caracterizado como un mono, pero eso era considerado de mal gusto entre la élite científica.
Huxley reaccionó con sangre fría diciendo que "antes preferiría ser familia de un simio antes que de un ser humano como el señor obispo, que utiliza tan vilmente sus habilidades oratorias para destruir, mediante una imposición de autoridad, lo que era un debate libre sobre lo que era o no verdad" recordando que ya en otros campos como la geología o la astronomía la "autoridad" ya había sido destronada por la fuerza pura de los hechos. Finalmente terminó su alegato desmontando uno por uno las débiles críticas del obispo sobre la obra de Darwin, demostrando que no había entendido los preceptos básicos.
La opinión general fue que el debate fue ganado por Huxley, pero dos detalles más sellaron la victoria de los evolucionistas. En primer lugar, se presentó el capitán del Beagle (el barco de la expedición de Darwin) a defender al bando creacionista, pero ante una asamblea de científicos su único argumento fue "debemos abrazar la palabra de Dios antes que la del hombre". Por último, y ya fuera del tiempo de debate, el propio Huxley demostró con unas disecciones públicas que Sir Richard Owen había mentido: no solamente poseían hipocampo los grandes simios sino que era imposible que un anatomista como Owen no lo hubiera visto claramente al hacer la disección pertinente...
El prestigio científico de las tesis evolucionistas subió como la espuma. El debate "interno" dentro de los evolucionistas continúa hasta hoy (ni siquiera Huxley coincidía en todos los puntos con la obra de Darwin). La postura oficial de la Iglesia actual es la aceptar la evolución (en su caso , como obra de Dios). Por desgracia hoy en día los creacionistas no tienen la clase científica ni la capacidad de oratoria de Samuel Wilberforce, y se limitan a agitar sus libros sagrados en un torpe remedo del capitán del Beagle...
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