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El arte de la seducción I

Publicado por en en Opinión
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¿Qué significa realmente la seducción? ¿Cómo llevarla a cabo? ¿Se pueden controlar sus efectos? ¿Existen técnicas para manejarla de forma efectiva?

Bueno, supongo que os surgirán mil y una preguntas más acerca de la seducción, lógico, ¿a quién no? Si tuviéramos que empezar desde cero para entenderla, tendríamos que remontarnos a la época de la adolescencia en la que nos empezaban nuestros primeros aleteos de mariposuelas por el estómago. Todos nos acordamos más o menos de aquello ¿verdad?  La cuestión es que durante aquélla época, nos resultaba excesivamente complicado el llegar a entender el procedimiento. Nuestras actuaciones eran movidas por la más absoluta de las inocencias. Y por la ignorancia, cual caravana de cuáqueros adentrándose en territorio apache. De pronto nos dábamos cuenta que nos gustaba algo más de la chica que teníamos enfrente y pensábamos que ya simplemente sería cuestión de tiempo de que llegase el momento en el que nos plantearíamos enfrentarnos a la situación.

Pues bien, para los que no lo sepáis… eeeeste el momento! ¡La clave del asunto! Desde el comienzo del aleteo hasta que tomaste tu decisión, solo te han podido pasar 3 cosas:

  • Que le echaras huevos: satisficiste tu curiosidad, acercándote a ella en uno de estos momentos gloriosos de gloria de cuando éramos cachorritos.

  • Que te volvieses un indeciso de las múltiples veces que te quedaste a las puertas de dar el paso.

  • Que simplemente no le hubieras echado valor y coraje hasta el cabo de días, meses, años o muchos más años. Habiendo incluso casos (supongo que actualmente muchos menos que antaño), que todavía siguen sin decidirse a día de hoy.


Bueno, la cosa es sencilla, ¿no veis lo que ha pasado? Acabo de deciros una simpleza y estabais todos los que estáis ansiosos por saber cómo hacerlo, dándole vueltas a la cabeza, sobre qué tipo de influencia ha podido produciros el momento descrito.

No hay secretos, estimados lectores, ¡¡¡lo que hay son decisiones de la vida!!! Decisiones que tomas en cada momento, cada momento que a su vez se corresponde con minutos y días distintos de cualquier calendario conocido. ¿Por qué extrapolar tus decisiones del pasado para convertirlas en excusas del presente? ¿A qué viene esto?, me pregunto yo. Para lo único que puede servir el pasado (y esto es bien sabido por todos), es para aprender de él, perfeccionando a lo largo de tu vida las cosas que te han funcionado y procurando no volver a cometer los mismos errores.

Partiendo de esta sencilla base, no parece caber ninguna otra posibilidad para el aprendizaje y el perfeccionamiento de esta práctica, más que la de empezar a emplearla. Todos sabemos que hay cosas en la vida que no se pueden aprender en los libros y a su vez sabemos también que ésta es una de ellas. Perdemos el tiempo buscando en internet o comprando libros para desarrollar esta habilidad, en vez de hacer lo único que podemos hacer para conseguirlo, que es practicarla.

Pero vamos a ver, por poner un mítico ejemplo ¿Cuándo habéis visto a un pájaro (en el sentido de ave, por si dudabais), volando a la perfección en su primer intento?  Es como si la gente, cuando nos dicen éste o cualquier otro ejemplo similar, pasara olíiimpicamente de escucharlo con atención para solo y simplemente oírlo de pasada asintiendo como tontos. No señores, ¡no! Aquí es precisamente donde hay que pararse a pensar. De verdad, es importante. Nadie nace sabido y para aprender a hacer cualquier cosa, primero tenemos que hacerla por primera vez y luego seguir haciéndola muchas veces para llegar a dominarla.

Antes de seguir, incido en el párrafo anterior porque entiendo que siendo lo más importante del artículo, no le voy a dedicar solo 3 líneas. En serio, no volváis a hacer lo de siempre, que es leerlo u oírlo, asentir como tontos y pasarlo de largo. Que quede claro: todo lo que yo estoy diciendo no va a servir de nada como no lo tengamos presente. O sea: el que no llora no mama, el que no entrena para el campeonato no lo gana, el que no se ducha no huele bien, el que no duerme no está 100% despierto por la mañana… No hace falta que siga ¿verdad? Son obviedades que todo el mundo sabe y la mayoría -cuando de seducir se trata-, las pasan por alto. Seducir no es diferente del resto de habilidades que vamos adquiriendo a través de la práctica en la vida. ¿Qué pasa? ¿Que por ser complicada ya la tenemos que catalogar como don divino que solo algunos bien nacidos gozan del placer de tenerla desarrollada?

Entiendo que esto ha quedado claro –clarísimo- y por lo tanto, ahora os hago una pregunta: ¿de qué va a servir, que yo os diga cómo hacerlo, si luego vais a pasar de intentarlo? Por supuesto que hasta aquí, lo que estoy diciendo está más enfocado a los que no lo intentan que a los que les sobran las veces que lo han intentado. No obstante, seas del grupo que seas, no está de más que lo que acabo de decir lo tengas en cuenta.

El maestro Zen le dice al discípulo: “Quédate con las ganas pero no te quedes nunca con la duda”. Seguramente no sea la frase textual, pero lo que os quiero transmitir es que seas como seas, seas de los que se arrojan o de los que nunca lo intentan, nunca hay que llegar a la posibilidad de preguntarse “¿y qué hubiera pasado si…?”.

Insisto en que esto es válido para todo el mundo. Está claro que no todos somos iguales. Influyen otros factores en tener más o menos éxito. De esto hablaremos en el próximo artículo, pero la única certeza que hay es que si no lo intentas nunca, nunca tendrás éxito.

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Invitado Martes, 21 de Mayo de 2013

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